Módulo 5.1. Naturaleza, tipos y propiedades nutricionales de las proteínas.

* Recuerdo anatomofisiológico del sistema nervioso y del papel de los neurotransmisores

El sistema nervioso se compone de un núcleo central cerebral constituido por una gran masa neuronal (encéfalo) donde radican un sinfín de funciones de tipo cognoscitivo, cognitivo, motor y regulador. Desde el encéfalo parte un gran tallo (médula) que se prolonga por la espalda protegido por la columna vertebral. A lo largo de su recorrido la médula extiende pares nerviosos perpendiculares que, a su vez, se ramifican multitud de veces inervando todos los tejidos.  El sistema nervioso, subdividido en central (encéfalo) y periférico (médula espinal y nervios periféricos) coordina todas las funciones orgánicas según estímulos de muy diversa índole (calor, frío, dolor, presión, ángulo de las articulaciones, emociones, retos intelectuales, cambios en las concentraciones plasmáticas de determinadas sustancias, presión sanguínea, variaciones del pH, etc.). Las acciones promovidas por el sistema nervioso pueden ser conscientes y voluntarias (como el habla o el movimiento de los músculos esqueléticos) e inconscientes (como los latidos del corazón,  los movimientos digestivos, las secreciones hormonales, la vasoconstricción o la sudoración entre otros). Las funciones inconscientes corren a cargo de una parte del sistema nervioso periférico denominada sistema nervioso autónomo o vegetativo que, a su vez, se subdivide en sistema nervioso simpático y parasimpático.

En líneas generales, el sistema nervioso simpático estimula reacciones encaminadas a la alerta (dilatación de las pupilas, aumento del ritmo cardíaco, aumento de la sudoración, vasoconstricción central y vasodilatación periférica, broncodilatación, etc.). Por su parte, el sistema nervioso parasimpático estimula reacciones antagónicas o poco compatibles con situaciones de emergencia física (secreciones digestivas, movimientos peristálticos, vasodilatación visceral, vasoconstricción muscular esquelética, disminución de la frecuencia cardiaca, broncoconstricción, etc.). En sendas regiones del sistema nervioso predominan diferentes neurotransmisores: la adrenalina y la noraderenalina en el sistema simpático y la acetilcolina en el  sistema parasimpático.

Así como es popular la expresión “descargar adrenalina”, en referencia a la práctica de deportes de riesgo que nos ponen en una situación de alerta máxima (como tirarse de un puente atado por los pies), también podría serlo la expresión de “descargar acetilcolina” en referencia a una plácida siesta tras una comida copiosa.

  • Algo a tener en cuenta. La serotonina y el control del hambre:

La serotonina, al igual que la acetilcolina y la adrenalina, es un neurotransmisor. Se sintetiza en el cerebro y entre sus numerosas funciones vegetativas se distingue la de  inhibir el apetito. Este efecto se produce durante la unión del neurotransmisor con receptores específicos presentes en ciertas neuronas y comienza a remitir en el momento en el que la serotonina se libera y es recaptada paulatinamente por la terminación presináptica. 

Algunos fármacos para el tratamiento de la obesidad fuerzan la producción de serotonina a fin de potenciar su efecto supresor del hambre pudiendo producir, sin embargo,  efectos secundarios adversos. Otros medicamentos (como la sibutramina) inhiben la recaptación de la serotonina por parte de las neuronas, lo que incrementa su efecto anorexígeno al prolongar la unión a su receptor.

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