Módulo 5.2. Fisiopatología relacionada con el consumo de las proteínas.

* Marcadores plasmáticos de desnutrición proteica visceral

Son proteínas plasmáticas de síntesis principalmente hepática que, como ya se ha explicado en anteriores apartados, a parte de sus funciones específicas, constituyen una remesa móvil o pool de aminoácidos que cubre las necesidades más inmediatas de síntesis proteica. La principal es la albúmina. Sus niveles en plasma son sensibles a cambios negativos del balance nitrogenado originados por una ingesta insuficiente a la que se une frecuentemente  un incremento en los requerimientos calórico-proteicos y la aparición de un estado hipercatabólico secundario a la situación clínica del paciente (trauma, sepsis, estrés postquirúrgico, etc.). Así, la monitorización de las proteínas viscerales sirve para preveer o detectar posibles estados de desnutrición proteico-calórico en pacientes ingresados e institucionalizados. En el caso de la albúmina, su disminución suele darse con cierto retraso respecto a la instauración del balance nitrogenado negativo dada su prolongada remanencia en plasma (tiene una vida media de unos 20 días). Asimismo ha de tenerse en cuenta que los valores de albuminemia pueden infravalorarse en casos de edema y sobrevalorarse en casos de deshidratación. Otras proteínas transportadoras, también denominadas de fase aguda,  constituyen marcadores mucho más precoces como es el caso de la transferrina (8-10 días de vida media),  la  prealbúmina (precusora de la albúmina, con 2 días de vida media) y la proteína transportadora de retinol (12 horas de vida media). (Véase el capítulo 1, el apartado 10.2 y las tablas 1.19 y 2.21)

  • Algo a tener en cuenta. Desnutrición proteica-visceral en el medio hospitalario:

Es un hecho ampliamente aceptado que la desnutrición proteico-calórica supone un impacto negativo en la evolución clínica de los pacientes. No obstante, los factores causantes de este tipo de malnutrición son difíciles de controlar dada su multiplicidad y su estrecha relación con las circunstancias que rodean a la mayoría de estados patológicos: incrementos de las demandas nutricionales (debidos a infecciones, a la cirugía, a procesos inflamatorios o a traumatismos), falta de apetito, intolerancia alimentaria por rechazo o por problemas digestivos, restricciones dietéticas, ayunos obligados por intervenciones o pruebas diagnósticas,  depresión,  molestias sufridas en el postoperatorio, etc.  A éstas habría que añadir otro tipo de circunstancias no menos determinantes como son las relacionadas con el escaso interés histórico que los centros hospitalarios han mostrado por la alimentación básica de los pacientes; en este sentido ha sido y es frecuente contemplar centros modélicos en cuanto a  instalaciones médico-quirúrgicas pero con una organización culinaria completamente desfasada o, incluso, con ausencia de profesionales especializados en el campo de la dietética y la nutrición.

La necesidad de evitar o minimizar la aparición de desnutrición proteica en el medio hospitalario estriba en que ésta puede llegar a comprometer la curación de cualquier patología. Esto se entiende fácilmente a tenor de las dos consecuencias principales de la desnutrición: 1) la merma de la capacidad inmune, con un aumento de las infecciones y con un empeoramiento de la respuesta a los antibióticos y a los antiinflamatorios y 2) la menor capacidad de regeneración de tejidos, que influirá negativamente en los procesos de cicatrización postoperatoria y de recuperación postraumática.

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