Módulo 5.2. Fisiopatología relacionada con el consumo de las proteínas.

11. Consumo de proteínas: consecuencias para la salud

Si se conviene que las proteínas alimentarias, sean animales o vegetales,  constituyen meros vehículos de aminoácidos, se entenderá fácilmente que los efectos de su consumo sobre la salud derivarán más de aspectos cuantitativos que cualitativos. Así, la consecuencia lógica de un consumo insuficiente de proteínas (en realidad de aminoácidos esenciales) será el déficit de los materiales necesarios para las síntesis de proteínas corporales, lo que se manifestará con un cuadro de desnutrición característico, siendo éste la causa y el agravante de múltiples patologías. Opuestamente, habrán de valorarse los efectos adversos derivados de un consumo excesivo de proteínas, aunque sin confundirlos con los producidos por la elevada ingesta paralela de grasas y de calorías en general.

Es de sobra conocido el carácter esencial de las proteínas, así lo demostró Magendie en 1816 administrando dietas aproteicas  a animales que acababan muriendo en poco más de un mes. Muy lejos de este extremo, en nuestro entorno no se suelen plantear situaciones de déficit, antes al contrario, se tiende a hábitos de sobrealimentación que rebasan con creces, no sólo las recomendaciones de ingesta proteica, sino también las de grasas, azúcares y otros nutrientes. Éste constituye un patrón de dieta a menudo relacionado con la mayor incidencia de enfermedades degenerativas como el cáncer, las enfermedades cardiovasculares y la propia obesidad. Así las cosas, las situaciones que pueden llevar a un déficit proteico se encuadran básicamente en contextos de enfermedad (neoplasia avanzada, sida, sepsis, grandes quemados, etc.) caracterizados por un aumento de los requerimientos nutricionales no compensado con la ingesta espontánea. También pueden producirse carencias en personas con un ínfimo consumo proteico inducido por conductas alimentarias poco usuales o extremas como la anorexia, el seguimiento de ciertas dietas macrobióticas, en situaciones de aislamiento o huelga de hambre y en ancianos  mal atendidos.

  • Algo a tener en cuenta:

Antes de valorar los diversos patrones de consumo proteico cabe recordar cuáles son las recomendaciones generales indicadas en el apartado 6:

* En condiciones normales, para cubrir los requerimientos, deben ingerirse de 0,7 a 1 g diarios de proteína por cada kilo de peso, suponiendo este ingreso entre el 12 y el 15% de la energía total de la dieta.

* El consumo proteico debe satisfacer las demandas de aminoácidos esenciales, lo que se consigue combinando proteínas de origen animal (40-50%) con proteínas vegetales (50-60%), o bien conjugando proteínas vegetales de calidad media como las de los cereales y las legumbres.

El objetivo de la ingesta proteica será el de satisfacer las demandas de reposición de materiales (proteínas estructurales, reguladoras, etc.) compensando adecuadamente sus pérdidas de tal forma que el balance de entradas y salidas de nitrógeno sea equilibrado.

Para partir de un punto de referencia básico, la siguiente tabla muestra un modelo de alimentación normoproteico ajustado a las recomendaciones nutricionales mayoritariamente aceptadas.

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