Módulo 5.2. Fisiopatología relacionada con el consumo de las proteínas.

12.1.7. Cáncer

La presencia de un tumor supone un mayor desgaste proteico y un incremento de las necesidades nutricionales, lo que sitúa al paciente oncológico en grave riesgo de desnutrición. Los responsables de este acelerado catabolismo proteico, y de la consiguiente pérdida de masa magra, son ciertos factores asociados a la respuesta inmune frente al tumor, en concreto citoquinas proinflamatorias y procaquécticas como el interferón gamma, la interleuquina 1 y el factor de necrosis tumoral alfa. Por otro lado, se apunta a que el propio tumor produce proteínas inductoras de la proteolisis muscular que acelerarían aún más el proceso de devastación corporal.

Al mayor desgaste metabólico se une, en muchos casos, una ingesta insuficiente de alimentos debida a múltiples causas como la depresión, los efectos anorexígenos de algunos intermediaros inmunes y los efectos secundarios del tratamiento. Entre estos últimos destacan las alteraciones del gusto y del olfato que convierten en poco apetecibles a la mayoría de los alimentos, especialmente a los ricos en proteínas como las carnes y los pescados. Las limitaciones en la ingesta también pueden deberse a la presencia de masas tumorales que impiden una correcta deglución, o bien que ocupan parte de la cavidad abdominal produciendo sensación de plenitud.

La malabsorción es otra complicación frecuente que dificulta la nutrición del paciente oncológico, especialmente cuando debe recurrirse a la extirpación de partes del tubo digestivo (gastrectomías, colectomías, etc.) lo que afecta directamente a los procesos de digestión y asimilación. Por otro lado, tratamientos como la radioterapia pueden producir daños en la mucosa intestinal (enteritis rádica) ocasionando malabsorción. Lo mismo ocurre cuando aparece mucositis secundaria al tratamiento de quimioterapia.

Como se deduce, las personas con cáncer presentan un considerable riesgo de desnutrición que, de concretarse, contribuye a empeorar el pronóstico de la enfermedad siendo este estado dificilmente reversible dadas las dificultades del organismo para recuperar la masa muscular. Por ello es de gran importancia una valoración e intervención nutricional precoces.

Los requerimientos energético-proteicos en el paciente oncológico varían según el individuo,  el tipo de cáncer y la agresividad del tumor. En el caso de existir un buen estado nutricional de base, las recomendaciones proteicas y  energéticas oscilan en torno a 1,2-1,5 g y 25-30 kcal por kilo de peso y día respectivamente. En pacientes con grave riesgo de desnutrición y con importante pérdida de peso, así como en aquellos que sufren procesos infecciosos o que se encuentran en situación de post-cirugía, las recomendaciones nutricionales se elevan hasta 1,5-2,5 g de proteína y 30-35 kcal por kilo de peso y día.

Dado que en algunos casos la persona no es capaz de ingerir suficientes alimentos como para alcanzar los objetivos nutricionales establecidos, es frecuente recurrir a suplementos energético-proteicos paralelos a una dieta individualizada, así como a  estimulantes del apetito (acetato de megestrol, dronabinol, cannabis …).  Por otra parte,  la nutrición enteral se suele emplear, ya sea como complemento a la dieta oral o como dieta completa, en aquellos casos que presentan un mayor riesgo de desnutrición.

  • Algo a tener en cuenta. Uso de nutrientes específicos en pacientes oncológicos:  

El progresivo conocimiento de los mecanismos que inducen a la desnutrición en pacientes oncológicos ha suscitado el interés por la suplementación a base de ciertos nutrientes dados sus probables efectos en la prevención de la caquexia. En este sentido destacan los aminoácidos de cadena ramificada (valina, leucina e isoleucina) por su activo papel en la síntesis de proteína muscular. Asimismo, los ácidos grasos omega 3 contribuyen a retrasar los procesos de devastación proteica y grasa de la musculatura esquelética ya que producen mediadores (prostaglandinas) con un efecto inhibitorio sobre los factores proteolíticos y lipolíticos inducidos por el propio tumor, además, dichas prostaglandinas producirían intermediarios de respuesta inmune e infamatoria menos procaquécticos que los producidos por los ácidos grasos omega 6.  

Asimismo,  la implicación de la glutamina en la nutrición y en la protección oxidativa de la mucosa digestiva justifica, para algunos profesionales, su empleo en la prevención y en el tratamiento de la mucositis y de la enteritis secundarias al tratamiento quimio o radioterápico.

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