Módulo 5.2. Fisiopatología relacionada con el consumo de las proteínas.

12.2.1. Insuficiencia renal aguda (IRA)

Consiste en la rápida disminución del funcionamiento renal caracterizada por una brusca caída de la tasa de filtrado glomerular paralela a la retención plasmática de metabolitos, principalmente de urea, así como a un rápido desequilibrio hidroelectrolótico y ácido-básico.

Son diversos los factores que pueden alterar la red capilar y tubular de la nefrona, impidiendo la normal irrigación y la permeabilidad entre membranas de tal modo que se vea afectado el filtrado glomerular. Entre dichos factores destacan la ingestión de sustancias nefrotóxicas (como venenos, metales pesados o disolventes), patologías vasculares isquémicas o hemorrágicas, que interrumpen el flujo sanguíneo a través de la nefrona, y obstrucciones de los conductos urinarios, que aminoran drásticamente el flujo del filtrado. Otras posibles causas de IRA son cambios extremos en la presión arterial, como los producidos por un shock hipovolémico (tras hemorragias y deshidratación severa) o por crisis hipertensivas, así como por una caída acentuada de la presión oncótica sanguínea debido una marcada hipoalbuminemia (recordemos que el filtrado glomerular se produce gracias al equilibrio de presiones hidrostáticas y coloidales entre el plasma y el interior de la cápsula de Bowman).

La IRA extrema presenta una mortalidad elevada (entre el 60 y el 80%). Su evolución, muy variable en función de las causas desencadenantes, dependerá del grado de reversión de los daños sufridos por las nefronas.

El soporte nutricional, especialmente el aporte de proteínas, varía en cada caso siendo paralelo al tratamiento de base. A veces la normalización de la función renal es tan rápida que las modificaciones dietéticas apenas tienen lugar. En otras ocasiones el deterioro es súbito y produce una notable concentración de metabolitos y electrolitos en sangre que obliga a cambios urgentes en la dieta. Uno de los más importantes consiste en la reducción drástica del aporte proteico hasta fijarlo en 0,6 g/kg/día (unos 40 g al día para una persona de 70 kg) con el fin de minimizar la acumulación de urea y de otros compuestos nitrogenados.  Si paralelamente se da una situación de hipercatabolismo es importante que las proteínas ingeridas sean de alto valor biológico, en cuyo caso suele valorarse la suplementación con aminoácidos esenciales sin sobrepasar los límites marcados por la restricción proteica. En cuanto al aporte energético, ha de ser suficiente para mantener el peso y evitar la pérdida de masa magra. Por otro lado, puede estar justificada la limitación de la ingesta hídrica y de sodio en caso de existir edema e hipertensión. También debe contemplarse la suplementación o la restricción de potasio en función de sus fluctuaciones en sangre ya que éstas pueden alterar gravemente la función cardiaca. (Véase el capítulo 7, el apartado 2).

VOLVER AL ÍNDICE

Páginas: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 51 52 53 54 55 56 57 58 59 60 61 62 63 64 65 66 67 68 69 70 71 72 73 74 75 76 77 78 79 80 81 82 83 84 85 86 87 88 89 90 91 92 93 94 95 96 97 98 99 100

Deja un comentario