Módulo 5.2. Fisiopatología relacionada con el consumo de las proteínas.

* Síndrome nefrótico

Se produce por una alteración en la permeabilidad de las membranas capilares y tubulares que da como resultado un filtrado glomerular anormal. La enfermedad se caracteriza por la fuga masiva  de proteínas completas a  través e la orina (como se recordará, en condiciones normales las paredes tubulares son impermeables al paso de las proteínas plasmáticas). Si esta pérdida es importante suele originar cuadros de desnutrición proteica aguda que pueden llegar a cursar con ascitis y en algunos casos aparatosos edemas en cara, cuello y brazos debidos a la hipoalbuminemia. Otras complicaciones asociadas al síndrome nefrótico son la hipertensión arterial y la obstrucción de los conductos glomerulares por precipitación de conglomerados proteicos. La enfermedad puede deberse, entre otras causas, a la hiertensión arterial, a procesos inflamatorios autoinmunes, a la ingestión de sustancias nefrotóxicas o a neoplasia renal.

El primer objetivo de la dieta es equilibrar el balance nitrogenado y compensar las pérdidas urinarias de proteínas. No obstante, el aporte inmediato de altas dosis de proteínas no es eficaz para mejorar la hipoalbuminemia y el balance nitrogenado, por el contrario, aumentará la proteinuria empeorando la situación.  Sin embargo, las dietas ajustadas en proteínas se muestran más eficaces de cara a conseguir los objetivos nutricionales y a disminuir la proteinuria. Así, la intervención dietética debe ir encaminada a  cubrir las necesidades energéticas del paciente, ciñendo el aporte proteico a los requerimientos mínimos (entre 0,6-0,8 g/kg/día) y restituyendo mediante suplementos muy ajustados las pérdidas urinarias. Se recomienda que la mayoría de las proteínas (entre el 70 y el 75% del total) sean de buena calidad.  Según este planteamiento, una persona de 75 kg con una proteinuria de 7,5 g/24 h, requeriría 60 g de proteínas diarios de los cuales entre 40 y 45 g habrían de corresponder a proteínas de elevada calidad, es decir, procedentes de lácteos, carnes, huevos o pescados.  En ocasiones puede estar indicado el empleo de módulos de aminoácidos esenciales con el fin de asegurar la calidad del aporte proteico sin aumentar la cantidad de proteína total ingerida. Por otro lado, suele resultar necesaria la restricción de sodio para controlar los edemas y la hipertensión arterial.

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