Módulo 5.2. Fisiopatología relacionada con el consumo de las proteínas.

12.2.4. Transplante renal

La implantación de un riñón sano a la persona dializada supone para ésta la  restitución de sus funciones renales. Anualmente se practican en nuestro país más de 1000 transplantes renales con un notable porcentaje de éxito (en torno a un 75% de supervivencia del injerto a los 5 años de la intervención). La principal complicación es el rechazo del nuevo riñón por parte del organismo receptor. Para evitarla, antes de la implantación, se realiza un profundo estudio de compatibilidad histológica y serológica entre donante y receptor. Con posterioridad al transplante, el paciente debe seguir un tratamiento inmunomodulador y antiinflamatorio (normalmente basado en la administración de ciclosporina y prednisona) a fin de minimizar el riesgo de rechazo durante los años venideros.

La alimentación del trasplantado puede ser prácticamente normal ya que no debe existir ninguna razón expresa para limitar el consumo de proteínas ni de ningún otro nutriente por debajo de las recomendaciones establecidas para las personas sanas del mismo sexo y edad. Sin embargo, se acentúa la responsabilidad del trasplantado hacia el cuidado de su “nueva salud”, motivo por el cual deberá realizar una alimentación equilibrada evitando excesos que le lleven a estados directa o indirectamente relacionados con el deterioro renal como la obesidad, la ateroesclerosis, la diabetes y, muy especialmente, la hipertensión.

  • Algo a tener en cuenta. El riesgo de la obesidad post-transplante:

Es habitual que algunos pacientes trasplantados muestren más apetito del normal debido a la toma de prednisona lo que, unido a una cierta relajación de las costumbres alimentarias generada por la nueva situación, puede dar lugar a una dieta excesiva que conduzca a la obesidad.

 * Objetivos básicos de la alimentación tras el trasplante renal.
  • Alcanzar o mantener el peso adecuado mediante un consumo energético ajustado a las necesidades reales.
  • Prevenir la hipertensión arterial moderando el consumo de sal y controlando la ansiedad.
  • Prevenir la aparición de dislipemia mediante un consumo reducido de colesterol y de grasas saturadas, paralelo a un consumo ajustado de grasas insaturadas, frutas, verduras y cereales.
  • Facilitar las funciones depuradoras del nuevo riñón bebiendo una cantidad adecuada de agua de mineralización débil (1,5-2 litros diarios) y ajustando el consumo de proteínas a las recomendaciones establecidas (0,8-1 g/kg/día).
  • Evitar situaciones que favorezcan a medio y largo plazo una peor tolerancia a los hidratos de carbono y que propicien estados de resistencia a la insulina, para ello es conveniente realizar una alimentación fraccionada con una adecuada distribución de glúcidos y de fibra.
  • En el caso e sufrir una patología primaria, potencial causante de IRC, como es el caso de la diabetes mellitus o la hipertensión arterial, se debe extemar el buen cumplimiento de las medidas alimentarias y terapéuticas encaminadas a su control.

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