Módulo 5.2. Fisiopatología relacionada con el consumo de las proteínas.

* Dos textos para la reflexión y la crítica a cerca del mayor o menor consumo de proteínas

 

Texto 1:  Un principio aceptado: el organismo no almacena proteínas:

El organismo adulto se esfuerza por mantener un balance nitrogenado cero, es decir, por eliminar una cantidad de nitrógeno (principalmente en forma de urea y descamaciones) equivalente a la que incorpora a través de los alimentos. Como es obvio, este balance se desplaza al lado positivo en épocas de crecimiento y hacia el lado negativo durante el ayuno, en situaciones de mayor catabolismo proteico (como la sepsis,  los procesos inflamatorios y el cáncer) o ante pérdidas directas de proteínas (como en el caso de hemorragias,  en grandes quemados o  en pacientes con síndrome nefrótico).  Sin embargo, en condiciones normales, el organismo es una “estación” de llegada, utilización, producción, reciclaje y eliminación de proteínas “sin sitio” para albergar  excedentes de nitrógeno, lo que le obliga a deshacerse de ellos eficazmente.

El pool hepático de aminoácidos y la albúmina plasmática pueden considerarse conjuntamente como una reserva dinámica de aminoácidos, no obstante su misión no es la de retener excedentes sino la de ofrecer a los diferentes tejidos la remesa de aminoácidos necesaria para los  procesos de síntesis y renovación proteica en curso.

Tampoco se puede considerar que el músculo esquelético sea un almacén de proteínas ya que la movilización de aminoácidos musculares con fines energéticos y gluconeogénicos, como la acontecida durante el ayuno prolongado,  va en detrimento de la funcionalidad muscular a medio y largo plazo. Por otro lado, el músculo incorpora proteínas hasta alcanzar un grado funcional óptimo a partir del cual tiende a nivelar el balance proteico desechando cualquier exceso. En el caso de algunos deportistas, como los culturistas, el entrenamiento intensivo obliga al músculo a ampliar su techo funcional, lo que va parejo a una mayor retención proteica asociada al mayor volumen muscular necesario, (en cietos casos esta hipertrofia muscular se fuerza de forma no fisiológica con la administración de hormonas anabolizantes).

Texto 2: Una teoría controvertida: el organismo sí almacena proteínas:

Ciertos autores, como el  Dr. Lothar Wendt, han cuestionado el principio basado en que el intenso trasiego proteico que acontece en el organismo no produce ninguna acumulación. De hecho sostienen la existencia de  depósitos de proteínas localizados en el tejido subcutáneo. Según esta hipótesis la sustancia que constituye el reservorio de los aminoácidos sobrantes es el colágeno (proteína de función estructural que cohesiona tejidos intersticiales epiteliales y musculares).  Como todos los depósitos, el almacén de colágeno subcutáneo, siendo de capacidad considerable, presentaría un límite de saturación al que podría llegarse paulatinamente a través de unos hábitos alimentarios hiperproteicos.

Llegados al punto de saturación,  una fracción de los  excedentes comenzaría a depositarse como colágeno en las paredes de la red vascular (arterias, venas y capilares), concretamente en el tejido intersticial y en las membranas basales.  Esto propiciaría el engrosamiento de dichos tejidos vasculares con las consiguientes dificultades de circulación y de permeabilidad en ambos sentidos (del plasma al líquido intersticial y viceversa). Tal circunstancia propiciaría la congestión, la distrofia y  finalmente la necrosis de los tejidos por falta de nutrientes y oxígeno. En este contexto se encuadrarían patologías vasculares como la cardiopatía isquémica, el ictus, las microangiopatía, la arteriopatía periférica y otras. Por otro lado, el insuficiente flujo de oxígeno y de nutrientes (especialmente de glucosa) hacia tejidos como el miocardio y el músculo esquelético favorecería de forma sutil un metabolismo energético alternativo (glucolisis anaerobia con producción de ácido láctico y cetogénesis) que acidificaría los tejidos. La disminución del pH, unida al edema intersticial producido por al insuficiente drenaje vascular, daría lugar a disfunciones y a dolores en la musculatura esquelética (debilidad muscular y dolores reumatoideos), así como en el miocardio (miocardiopatía y ángor). Además, el precario intercambio de sustancias entre la sangre y el medio celular propiciaría una hemoconcentración progresiva por acumulación de sustancias como la glucosa, la insulina, el colesterol, los triglicéridos y las proteínas antigénicas, entre otras, lo que también situaría al exceso de proteínas como factor etiológico de las dislipemias, del hiperinsulinismo y de la diabetes. Por si fuera poco, las consecuencias se extenderían a las patologías de origen inmune alegándose que  la pared vascular, siendo clave en la respuesta inmunológica, se vería alterada por la acumulación de antígenos proteicos no degradados, lo que propiciaría la aparición de respuestas inflamatorias impropias.

Aunque la principal consecuencia extraída de esta teoría pueda ser el que debe ajustarse el consumo proteico a las necesidades reales del organismo, diferentes interpretaciones la han convertido en uno de los argumentos principales para justificar terapias dietéticas hipoproteicas y, muy especialmente, ciertos planteamientos cercanos al vegetarianismo más estricto y  a la macrobiótica.

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