Módulo 6.1. Idea de “Vitamina” y Vitaminas Liposolubles

4.6. Deficiencia de vitamina A

En nuestro entorno es relativamente difícil encontrar deficiencias de vitamina A  por lo que es poco frecuente observar patologías carenciales. No obstante, éstas pueden llegar a producirse en pacientes que sufren graves alteraciones en la capacidad de asimilación de las grasas y de las vitaminas liposolubles en general.  Por el contrario, en zonas del mundo azotadas por el hambre la escasa ingesta de vitamina A es tristemente habitual como causa de enfermedad.

  • Algo a tener en cuenta:

Recientemente se han introducido en Asia variedades transgénicas de arroz rico en vitamina A como medida para paliar la alta morbilidad asociada a la carencia de retinol entre la población.

Uno de los primeros síntomas de la falta de vitamina A es la ceguera nocturna. Esta alteración se debe a que el retinol forma junto con la proteína rodopsina un compuesto  receptor luminoso ubicado en los bastones: células oculares responsables de la visión con poca luz. La carencia de vitamina A conlleva una progresiva disminución del número de receptores y un mal funcionamiento de los bastones, lo que se manifiesta con una precaria visión en penumbra.

  • Algo a tener en cuenta:

Durante la Segunda Guerra Mundial a los pilotos de los bombarderos británicos se les recomendaba el consumo de gran cantidad de zanahorias dado que se veían obligados a realizar misiones nocturnas.

A otro nivel la falta de vitamina A  produce alteraciones en la piel (dermatitis), así como en las mucosas intestinales y respiratorias. Esto se debe a que el retinol resulta esencial para la correcta síntesis de células epiteliales productoras de moco lubrificante, de tal modo que su falta ocasiona la sustitución de dichas células por otras de tipo calloso y seco. Así, en situaciones carenciales es típica la aparición de sequedad, escamas y grietas en la piel, que pueden evolucionar hacia alteraciones respiratorias potencialmente graves debidas a la falta de moco protector en el revestimiento bronquial.

  • Algo a tener en cuenta:

Las funciones de la vitamina A con relación al mantenimiento de la piel han servido como argumento a la industria de los cosméticos para promocionar, quizás con un exceso de “optimismo comercial”, cremas “antiarrugas” o “antienvejecimeinto” ricas en retinol.

Si el  déficit de vitamina A se prolonga,  las mencionadas durezas y callosidades pueden  afectar a la córnea, produciéndose entonces una sequedad extrema del globo ocular conocida como xeroftalmia. Este mal, común en zonas azotadas por el hambre, acaba con la  ulceración de la córnea y desemboca finalmente en ceguera total;  por este motivo, la vitamina A también recibe el apelativo de factor antixeroftálmico.

  • Algo a tener en cuenta:

Uno de los síntomas más claros de la falta de vitamina A es la aparición de unas manchas opacas en la córnea conocidas como manchas de Bitot, que anticipan la xeroftalmia.

El retinol también desempeña un importante papel en el desarrollo de los cartílagos que preludian y encaminan el posterior desarrollo y maduración de los huesos, de tal modo que la carencia o la falta de vitamina A durante la niñez compromete la normal formación y consolidación esquelética.

En cuanto a la implicación de la vitamina A en procesos relacionados con la reproducción, habiendo quedado demostrada en animales de experimentación, no se han descrito con claridad síntomas de esterilidad en humanos debidos a situaciones carenciales. No obstante, las investigaciones apuntan a que el retinol puede jugar un papel en la síntesis de la progesterona, hormona necesaria para que el útero y los senos se desarrollen y funcionen correctamente lo que, como es lógico, resulta indispensable de cara a garantizar la reproducción y la lactancia.

  • Algo a tener en cuenta.  Alteraciones en el transporte de la vitamina A debidas al déficit de cinc:

La falta de zinc puede producir unos síntomas parecidos a los de un déficit de vitamina A, dado que resulta un elemento esencial para la síntesis de las proteínas especializadas en transportar el retinol hacia los tejidos. Véase el capítulo 7.

  • Algo a tener en cuenta. El papel antioxidante de los betacarotenos:

Se fundamenta en que presentan una cierta capacidad de captar oxígeno y radicales libres.  Por este motivo, el consumo de betacarotenos se ha relacionado con la prevención de enfermedades cardiovasculares (al preservar de la oxidación a los ésteres de colesterol transportados en las LDL), del cáncer (por neutralizar radicales libres que pueden afectar al material genético) e, incluso,  se ha etiquetado como factor “antienvejecimiento” (al proteger de la oxidación a los lípidos de la membrana celular). Todas estas propiedades han otorgado a los betacarotenos una aureola benéfica (probablemente algo exagerada en aras del márqueting)  que les ha colocado en el “selecto club” de nutrientes antioxidantes junto a otras vitaminas como la E y  la C. 

  • Algo a tener en cuenta. Los licopenos y la luteína:

Ambos son carotenoides, los primeros son los responsables del color rojo de alimentos como el tomate, mientras que los segundos confieren el color amarillo característico del maíz, de ciertos guisantes y del puerro. Aunque no presentan capacidad provitamínica,  han ganado un gran prestigio como antioxidantes al relacionarse su consumo con la  prevención de determinados tipos de cáncer como el de próstata, el de pulmón  y el de tracto digestivo y, en general, con la reducción del estrés oxidativo celular.

Nota:  El concepto de oxidación y sus repercusiones sobre la salud vuelven a ser comentados en un próximo apartado dedicado a la vitamina E.   

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