Módulo 7.2. Elementos minoritarios u oligoelementos.

7.6. Enfermedades por falta de hierro: la anemia ferropénica

 

Suele sobrevenir por el seguimiento de una alimentación deficitaria en hierro,  a lo que a menudo hay que añadir una o varias situaciones de riesgo como la adolescencia, la existencia de hemorragias o el embarazo.  La anemia ferropénica implica, tanto una disminución del número de glóbulos rojos, como su menor contenido en hemoglobina a consecuencia de la escasez del hierro necesario para la síntesis de grupos hemo.

El efecto fundamental de la anemia ferropénica es un deficiente suministro de oxígeno a las células que determina un menor rendimiento en la producción de energía (recuérdese que el oxígeno es esencial para que se produzcan las reacciones energéticas de oxidación), esto explica que las personas anémicas padezcan una sensación de fatiga y de falta de energía características.

7.6.1 El adecuado aporte de hierro como base para la prevención de la anemia ferropénica

La dieta ha de aportar la cantidad de hierro asimilable que compense las pérdidas y, en cualquier caso, que cubra las necesidades del organismo. Para ello, se deben consumir con cierta frecuencia carnes rojas y otros alimentos ricos en hierro hemo; en este sentido, la típica recomendación de comer muchas lentejas o espinacas debido a su alto contenido en hierro no resulta por si sola la mejor opción debido a la ya comentada menor biodisponibilidad del hierro no hemo. Por otro lado, si coexisten situaciones de riesgo carencial, ya sea por un aumento de las demandas o de las pérdidas de hierro, conviene moderar la ingesta de fitatos (cereales integrales) y  de oxalatos (acelgas, ruibarbo, remolacha, etc.), así como garantizar un correcto aporte de vitamina C, de ácido cítrico (frutas cítricas) y de proteínas, todo lo cual favorecerá la asimilación del hierro y ayudará a prevenir la anemia. Por otro lado, cabe recordar que una ingesta adecuada de vitamina C mejorará el aprovechamiento de las reservas corporales de hierro.

No obstante, durante el embarazo, en la adolescencia o tras una hemorragia, el hierro alimentario puede no ser suficiente para compensar las elevadas pérdidas, en tales casos, para evitar carencias, suelen administrarse suplementos de sales ferrosas.

  • Algo a tener en cuenta:

El seguimiento prolongado de dietas vegetarianas estrictas implica riesgo de anemia ferropénica debido a la ausencia alimentaria de hierro hemo (contenido exclusivamente en alimentos de origen animal) y a la elevada ingesta de fitatos y oxalatos.

  • Algo a tener en cuenta:

Dado que el recién nacido se alimentará con leche materna, alimento relativamente pobre en hierro, el feto debe acumular suficientes reservas a fin de evitar la aparición de anemia durante la lactancia.  Este hecho obliga a la madre gestante a desprenderse de una notable cantidad de hierro, lo que explica el incremento de sus demandas, especialmente en el último tercio del embarazo. Gracias a este acopio de hierro prenatal el lactante supera los primeros meses sin padecer anemia hasta que, a partir del sexto y séptimo mes, comienza a reponer sus reservas de hierro con la introducción en la dieta de los cereales y, en especial, de las carnes rojas. 

Por otro lado, es destacable el hecho de que la leche materna, a pesar de contener poco hierro, aporta una cantidad considerable de ácido cítrico y de lactoferrina, que mejoran notablemente  su asimilación con lo que se disminuye el riesgo de carencia. 

Para prevenir posibles carencias, es habitual la administración de suplementos de hierro a la madre durante el embarazo y la lactancia.  Asimismo, la mayoría de las leches infantiles utilizadas en la lactancia artificial aparecen suplementadas con hierro.

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